Perdónanos, Don Fernando Marcos



Por: Diego Rodriguez

Nos emocionamos mucho cuando Enrique “El Perro” Bermúdez grita su clásico “donde las arañas tejen su nido” con su característica voz o cuando Christian Martinoli alaba a cualquier futbolista sólo porque hizo una jugada de “lujo” y dice “vete a jugar a Saturno”. Nos hemos vendido muy bajo ante el periodismo deportivo en los últimos años donde quien más apodos pone o bromean entre ellos y alguno la hace de patiño. Cualquier exfutbolista o locutor con buenas relaciones y poco bagaje cultural están convertidos en las divas del micrófono deportivo, aunque en ocasiones ni siquiera saben pronunciar los apellidos de los jugadores o hacen comentarios o frases hechas para ganar el aplauso fácil y no para ilustrar lo que pasa en la cancha.

Sin embargo, en la historia del futbol mexicano hay un periodista las nuevas generaciones no conocen y que pocos lo recuerdan. El fue de todo y en una época donde los comentaristas o cronistas nos los escogían por su cara cara bonita o por recomendaciones, empezó desde abajo, pues surgió de una familia de clase trabajadora. Nació en el año de 1913 en la Ciudad de México. Empezó siendo cobrador de camiones y mozo en las cantinas de la capital desde que era un niño, además se destacaba a la hora de jugar futbol y béisbol.

Se trata de Fernando Marcos, mejor dicho Don Fernando Marcos. Cumpliendo el sueño de muchos, debuto como futbolista de primera división con el Real Club España en 1930, donde fue campeón en dos ocasiones. Además, fue jugador del Club Asturias y seleccionado nacional… Pero se lastimo la rodilla.

Tras todo esto se tomaría la decisión de prepararse y convertirse en arbitro, y fue encargado de impartir justicia en varios encuentros otros profesionales en México, pero tras el polémico episodio del incendio del Estadio del Parque Asturias, donde se le culpo de mal arbitraje, tuvo que apartarse del arbitraje años después y empezar su carrera de locutor.

Radio Continental le dio la oportunidad de hacerse de un nombre en los medios por seis años, donde le fue bien, pero un día critico al aire el funcionamiento del equipo Asturias, “como es posible que con tan buenos jugadores el equipo vaya en último lugar”, dijo, y tras esto el dueño del equipo Asturias lo reto a que dirigiera el equipo. El saco al Asturias del ultimo sitio y los coloco en cuarto lugar, pero aun así el dueño de Asturias lo corrió porque le molestaba que él “tipo” era un “todo terreno” y dirigía el partido, lo narraba para radio y escribía su crónica para el diario Ovaciones al medio tiempo de los encuentros.

Gracias a su inteligencia en el futbol tomó las riendas del Necaxa y Toluca, donde consiguió un título de copa e innovo una nueva formación “el 4-2-4”, que le funcionó y lo llevó a dirigir al Club América que estaba a punto de descender al final de la década de los años 50s, donde por tres años tuvo un proyecto donde los entonces millonarios empezaba a competirle al “Campeonísimo” Chivas de Guadalajara, y gracias a esa competencia surgió el “Clásico de Clásicos”.

También tuvo la oportunidad de dirigir a la Selección Mexicana, donde mantuvo un paso perfecto de 13 partidos sin perder, pero las críticas de la prensa lo hicieron dar un paso a lado y renunciar al tricolor.

Tras esto decidió enfocarse de lleno a los medios de comunicación y estuvo casi por siete décadas en los oídos de los mexicanos. Es imposible olvidar su época en Radio Fórmula, Televisa, inmevision o Tv Azteca y escuchar sus frases “el último minuto también tiene 60 segundos” o “no la falles Borja, no la falles”. Sus programas de cultura general y futbol fueron parte de toda una generación. Sus columnas en el diario La Afición o El Nacional se leían como “pan caliente”.

De su voz millones de mexicanos escucharon las proezas de varios Juegos Olímpicos, Copas del Mundo e infinidad de eventos deportivos e historias.

Su sello personal fueron sus “cuatro palabras”, que surgieron cuando se le acababa el tiempo en las transmisiones y solo decía “Muchas gracias, buenas tardes”. Cuando la Selección de México perdió en el Mundial de 1986 ante Alemania, sus palabras fueron lapidarias de la realidad del futbol nacional: “Jugamos como nunca y perdimos como siempre”.



Fue uno de los dos mexicanos en conocer a Adolfo Hitler, además estudio la carrera de derecho, fue productor de cine y fundo el primer noticiero del “Séptimo Arte” en México.

Critico en el futbol y no un “criticón” como muchos otros periodistas deportivos en México, no fue un vende humo ni un personaje de los comerciales de televisión. Tenía una voz nítida y fuerte. No necesitaba de chistes baratos, apodos o bromas para destacar.

Ningún periodista o cronista deportivo en la actualidad tendría las “agallas” para dirigir a un equipo profesional de futbol, ¿Quién te conoce “Perro”, “Pollo”, “Alvarito”, Vaca o Martinoli? Las cuatro palabras marcaron un antes y un después en el periodismo deportivo en México, donde en la actualidad se está plagada de frases hechas como “estado de gracia”, “era suya y la dejó ir”, “me quiero casar con ese futbolista” o de un ex portero que es más recordado por sus frases cantinflescas que por su aportación al periodismo deportivo en las transmisiones televisivas del deporte del balón y pie. Perdónanos, Don Fernando Marcos.

Diego Rodriguez/ Balón y Pie/ www.theexodo.com

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