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“MI PERRO VALE MÁS QUE TODOS USTEDES”: GRANJERO A JORNALEROS EN CANADA


Diego Rodríguez/The Exodo


“¿Te quieres morir? Porque mi perro vale más que cualquiera de ustedes”, amenazó el dueño de la granja "Les Entreprises Pitre" en Quebec, Canadá a unos 200 jornaleros agrícolas, de ellos más 50 mexicanos que viven en condiciones de virtual moderna esclavitud, abandonados por las autoridades mexicanas quienes presumen las virtudes del Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT) vigente desde 1974 entre los gobiernos de México y Canadá.

Pedro, jornalero mexicano, oriundo de Veracruz, narró a The Exodo su caso en el llamado “Calabozo”, la granja de transferencia donde las empresas enganchadoras o intermediarias envían como castigo o represalia a los trabajadores que se quejan de alguna violación a sus contratos como puede ser la falta de pago, salarios incompletos, descuentos indebidos, hacinamiento o maltrato.

“Una vez llevó el patrón un perro y entonces se subieron a la plataforma de un tractor, pero el perro se cayó. El dueño pensó que alguno de nosotros lo había tirado y se dirigió a uno de los paisanos para decir: “¿Te quieres morir? Porque mi perro vale más que cualquiera de ustedes”. El compañero sólo se agacho, recuerda el migrante.

En Quebec, Canadá, donde unos 11 mil jornaleros, en su mayoría mexicanos trabajan en granjas agrícolas en condiciones de explotación extrema, la conocen como “El Calabozo”.

Eso fue sólo una parte del maltrato, las amenazas, los abusos en la granja los hermanos Pitre en contra de mexicanos y guatemaltecos. Jornadas de hasta 18 horas al día de trabajo, salarios incompletos, sin atención médica, hacinados en cuartos donde dormían hasta siete personas en plena pandemia, amenazas y racismo.

La granja "Les Entreprises Pitre" es conocida ya como “El Calabazo”. “Ese nombre provino de que nosotros sentimos que era un gran maltrato. Llegaron unos 10 guatemaltecos y nos platicaron la misma experiencia y que habían sido enviados a esta granja como una especie de castigo por demandar el pago justo, el servicio médico o simplemente reclamar ante los abusos.

“El patrón me prestó dinero, 200 dólares, para comprar despensa durante la pandemia y después unas botas de hule que costaban 50 dólares. Sin embargo, durante semanas y meses me descontaba de mi salario 50 o 70 dólares a la semana, hasta que le reclame que ya se había cobrado lo suficiente. El se molestó e incluso hizo comentarios racistas de los mexicanos”, señala el cultivador de café en México.

“En esa granja éramos mucho, más de 200. De ellos unos 52 mexicanos. No sé si el patrón acostumbra hacer eso con los empleados o nadie decía nada. No me gustó con nos amenazaba, nos discriminaba, nos comparaba con animales”, recuerda Ángel quien decidió regresar a México luego de ese episodio, sin el respaldo del Consulado de México en Quebec.

“Llegamos a trabajar hasta 200 horas a la quincena, es decir 100 a la semana y unas 17 horas al día. Sólo dormíamos cuatro horas en la época de cosecha de fresa. Pero no nos pagaban las horas completas. Empezamos a las 5 de la mañana, pero a las 12 que parábamos a comer, nos descontaba esa hora o media hora y el segundo descanso de 15 minutos también nos descontaba una hora. Ya en la tarde, no nos dejaba descansar y en caso de parar nos acababa descontando cada día hasta dos horas”.

Recuerda que en la casa dormían hasta siete personas por habitación. Era un total hacinamiento. Hubo mucho enfermo de gripa cuando llegamos. Cuando alguien se enfermaba, todos nos contagiábamos. Éramos del Estado de México, Puebla, de Oaxaca, Veracruz, Nayarit y Querétaro. “La mayoría se quedaron, sólo 3 o 4 decidimos regresar a México”.

Recuerda que trabajaban esas jornadas durante la cosecha de fresa y que llegó a Canadá bajo el del Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT). La reclutadora -Ferme Quebec- que anuncia como una solución a los granjeros frente a la escasez de mano de obra en cualquier sector y califica a los migrantes temporales como “Escuadrones Populares” y se garantiza en todo momento que serán “apoyados y ayudados” durante su estancia en Canadá.

Karla Meza, periodista independiente, dijo a The Exodo que el caso de la granja conocida como “El Calabozo” no es el más grave, pero si ejemplifica claramente la esclavitud moderna y el nivel de explotación abierto de miles de mexicanos que cada año viajan a Canadá a través del Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT) y el Programa de Trabajadores Extranjeros Temporales (PTET), avalados por ambos gobiernos.

Expuso que en el caso del llamado Calabozo entrevistó a 28 trabajadores agrícolas mexicanos y guatemaltecos, la mayoría quieren salir de ahí, pero por el esquema de contratación no pueden cambiar de granja o de empleo antes de que acabe su contrato. Ellos han sido sometidos, en la temporada de cosecha de la fresa, a jornadas hasta de 18 horas de trabajo. Es decir, empiezan a trabajar a las 4 de la mañana y terminan a las 11 de la noche, seis días a la semana.

Expuso que a finales de septiembre tuvo conocimiento de este caso de la granja "Les Entreprises Pitre", cuando supo que 5 jornaleros que pidieron regresar a sus países porque las condiciones en ese lugar eran pésimas. Algunos de ellos fueron transferidos el 17 de septiembre desde otras granjas o fincas a lo que ya es conocido por los migrantes como El Calabozo, que es una especie de castigo o represalia por quejarse de casos de maltrato.

“¡Ya es suficiente!, no quería dejar mi piel ahí”, dijo uno de los trabajadores que salió recientemente de la finca, claramente conmocionado, por teléfono. "Todavía tengo dolor de estómago, estoy ansioso y con frecuencia quiero llorar”, publicó Karla Meza uno de los testimonios de los jornaleros en el diario canadienese Le Devoir.

Meza, también documentalista, entrevistó a los dueños de esta granja, donde los casi 200 jornaleros, al menos 50 son mexicanos, y no negaron nada de lo que denunciaron los trabajadores, pero lo trataron de justificar al señalar que eran personas que no estaban capacitadas para el trabajo agrícola, que rompían las herramientas, que no sabían usar trastes de cocinas y muchos otros comentarios hasta racistas.

Reconoció que “El Calabozo” no es el peor caso de maltrato o explotación de jornaleros. Hay granjas em Quebec con hasta 30 personas en un solo dormitorio, con 15 literas, lo cual se supone está prohibido, más en tiempos de la pandemia. En Canadá en todos los sectores como forestal o minería esta prohibido que dos trabajadores duerman en un cuarto, ni las literas se permiten, pero para los jornaleros agrícolas no hay restricciones.


Comentó que cuando se enteró de este caso llamó al Consulado de México en Quebec, donde le dijeron que no tenían conocimiento de la situación y que además los jornaleros mexicanos que la mayoría de los laboran en la citada granja no forman parte del PTAT, sino del Programa de Trabajadores Extranjeros Temporales. “Con eso se justificaron”.

Dijo que 13 dólares canadienses, el salario mínimo que ganan los jornaleros, no lo aceptan los canadienses y menos para trabajar en el campo.

El activista de Council Migrant, Carlos Rojas, indicó que el problema del PTAT y PTET es que los jornaleros o trabajadores mexicanos que son llevados a Canadá, es decir no tienen derecho a buscar otro empleador, por lo que si el patrón te maltrata, abusa o no te paga lo acordado o te obliga a trabajar más horas, no hay forma de cambiar de empleo y por las distancias de las granjas es muy difícil acudir a un Consulado a presentar una queja y sumado al problema la burocracia y el idioma.

“Es una esclavitud moderna, como si fueran peones acasillados del Porfiriato. Donde las empresas canadienses realizan una explotación humana para ganar millones. Hay tiendas donde los jornaleros tienen que comprar a fuerza alimentos y ropa, como si fueran tiendas de raya”, lamentó.

“No son granjas pequeñas o familiares, sino pertenecen o surten a grandes corporaciones que el 60 por ciento de la producción envían a Estados Unidos. Son los jornaleros mexicanos y latinoamericanos, trabajadores esenciales que les dieron de comer a los estadunidenses y canadienses durante la pandemia.

Concluyó que es tal la situación que ni siquiera los consulados mexicanos en Canadá saben cuál es el número de trabajadores agrícolas, “los datos más recientes que tienen son del 2015, es decir no hay transparencia, mucho menos saben exactamente dónde están, en que granjas, en que provincias.

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