• ATAHUALPA GARIBAY

MIGRANTES EN EL BARRETAL DE TIJUANA: NADA QUE CELEBRAR


FOTO: Atahualpa Garibay Reyes

Atahualpa Garibay Reyes/The Exodo

Tijuana, Baja California.- Para ellos no hay nada que celebrar para Año Nuevo. El 2019 para la comunidad migrante es incierto, el futuro inmediato se vislumbra más difícil y lejos del hogar.

Hace ya casi tres meses partieron del sur y centro de Honduras; otros de El Salvador y los menos de Guatemala. La mayoría de los cientos de migrantes centroamericanos supieron de la “Caravana Migrante” a través de los noticieros de televisión y, principalmente, por las redes sociales.

A más de noventa días de larga travesía, mujeres, hombres y niños permanecen en el refugio temporal “El Barretal”, en la colonia Mariano Matamoros, en la Zona Este de Tijuana.

Ayer fue domingo. Día de “sobre ruedas” a las afueras del centro de espectáculos habilitado como albergue. Oficiales de la Policía Federal y del Instituto Nacional de Migración, mantienen la vigilancia y el control del refugio. Desde el primero de diciembre, el Gobierno Federal tomó el control.

Ya no se ven empleados del Gobierno Estatal ni del Ayuntamiento de Tijuana

Los migrantes portan en el cuello identificaciones plastificadas con nombre, foto y un código de barras que les permite el ingreso y la salida. Los adultos aprovechan para salir al tianguis, ver qué hay en el mercado y hacer compras mínimas de alimentos.

Hombres y mujeres se las han ingeniado para comerciar entre ellos, vender comida y otros enseres de uso personal para obtener pesos mexicanos.

En el sobre ruedas los puestos de comida, ropa nueva y de segunda, son el atractivo para ellos.

Parece un día más en el refugio de migrantes. Sin embargo, es la víspera de Año Nuevo.

Carlos N., de 28 años de edad, originario de Olancho uno de los ocho departamentos de Honduras, llegó en el segundo grupo de la “Caravana Migrante”. De oficio albañil se sumó a los peregrinos centroamericanos, porque en su lugar de origen le pagaban cien pesos hondureños.

“Un peso alcanza apenas para una tortilla, para una comida de una familia no alcanza cien pesos”, dice Carlos recargado en la valla que divide la ropa que fue donada por la sociedad civil a los migrantes.

Atrás de él, varias mujeres hurgan entre las prendas en busca de una pieza de la talla de sus hijos y para ellas.

El panorama lo completan las casas de campaña, instaladas, una tras otra, en la explanada de “El Barretal”. Otras más en el segundo nivel de lo que eran las terrazas del centro de espectáculos.

Desde el centro del refugio se observa cómo unos migrantes pusieron su arbolito de navidad con esferas y luces para recordar La Navidad.

Carlos sabe que la travesía se alargó y asegura que muchos de los migrantes que han decidido cruzar individualmente han sido literalmente cazados por grupos extremistas que vigilan la frontera sur de los Estados Unidos.