• FELIX MELENDEZ

TE DAMOS UNA HORA PARA DESAPAREZCAS: HISTORIAS DEL EXODO CENTROAMERICANO


FOTO: Movimiento Migrante Mesoamericano

Félix Meléndez/The Exodo/MMM

Tecún Umán, Guatemala.- “La regaste con nosotros viejo cabrón” me dijeron y me amenazaron: “Te damos una hora para que desaparezcas. Si seguís acá cuando regresemos te matamos”. Así golpeado agarré una mochila, unas cuantas camisas y hui ”.

Es la historia de “Don Sergio”, un salvadoreño de edad avanzada, que forma parte del éxodo de miles de migrantes que están dejando sus países en el llamado “Triángulo del Norte” en busca de sobrevivir a la violencia, la miseria y la falta de oportunidades laborales en Centroamérica.

Don Sergio es de los pocos migrantes recostados en el auditorio del parque de Ayutla, en la ciudad de Tecún Úman, Guatemala. Aquí la soledad se siente palpable en comparación a tres semanas atrás en las que el éxodo masivo de centroamericanos derribando bardas y atravesando el Río Suchiate, en el sur de México y que atrajo la atención del mundo.

El flujo de migrantes ha bajado visiblemente, pero la sombra del éxodo ha quedado como un reflejo que ahora ha mutado como un fenómeno social que no está dispuesto a detenerse fácilmente.

Activistas, periodistas e investigadores de las migraciones, observan un cambio sustancial: Los migrantes están buscando viajar acuerpados en la fuerza del colectivo, preguntan y se documentan acerca de la situación en México, desconfían de las voces de “buena de voluntad” de cónsules y representantes de migración que les ofrecen registrarse en listados para ingresar a territorio mexicano de forma segura y ordenada. El paso migratorio guiado por los coyotes ha dejado de ser una opción viable.

Entre este pequeño grupo de centroamericanos que está a la expectativa de tener su momento idóneo para cruzar al otro lado ante los incesantes rumores de más caravanas que parten de sus respectivos países, se encuentra Don Sergio a quien las canas lo delatan como una persona que ha pasado por momentos duros como para abrirse tan fácilmente a la charla con un desconocido.

Al principio increpa mucho a mis preguntas sobre los motivos que le llevaron a migrar, a tal punto que decido no sacar mi cámara fotográfica para no perder la frágil relación de apertura que estaba tratando establecer, una muestra de la desconfianza que muchos migrantes han aprendido como protección ante los constantes obstáculos a los que se han enfrentado, entre ellos engaños o falsos rumores de ayuda humanitaria que al final resultaron ser estrategias para disuadir y dividir a los grupos.

Al presentarme como salvadoreño y establecer una conexión como compatriota, su tono de voz cambio súbitamente, del desenfado a alguien que cuenta su historia como quien suelta por un momento “la cruz del martirio que le ha tocado cargar”.

Él es un migrante reincidente. La primera vez que migró hacia Estados Unidos fue durante el comienzo formal del conflicto armado salvadoreño en el año de 1980. Durante 35 años vivió en Estados Unidos de forma legal, llegando a tener dos hijos, pero un problema marital el cual no especificó, le llevo a perder los documentos y por consiguiente su status, siendo deportado de nuevo a El Salvador en 2015.<