• Verónica Méndez

MERCADO DE SONORA, ENTRE LO EXÓTICO, LO ILEGAL Y LO MÍSTICO

Por Lucy Ferreira/Reversos/The Exodo

¡Pásele! ¿Qué necesita güerita? ¿Un amarre? ¿Una limpia? ¿Que regrese o deshacerse del ingrato?

“Un amarre de boca para bajar de peso”, le responde mi acompañante a la marchanta que nos ofrece sus servicios de hechicería mientras extiende la mano para regalarnos una tarjeta de presentación.

El ambiente viciado, con fuertes perfumes de coloridos inciensos, mirra, copal, el aroma de la parafina y el sebo de las veladoras; los gritos de los vendedores, la prisa de los que llevan mercancía en los diablos y los colores de los santos y las botellas con líquidos raros, jaulas con animales quietos con miradas desesperadas por el encierro. Todo en un pasillo que parece interminable, con apenas un metro de ancho.

Un laberinto de puestos atendidos por gente amable que grita para llamar la atención de los visitantes. Ese es el Mercado de Sonora.

El lugar donde cada uno de los sentidos del cuerpo se activa al mismo tiempo con la misma intensidad, la sinestesia es inevitable en este lugar mágico y caótico.

· Monstruo de mil cabezas

Desde hace 60 años los marchantes comercian entre el vaivén de los carros que circulan por la avenida Fray Servando y Circunvalación, en la colonia Merced Balbuena. Este mercado fue establecido en el gobierno del presidente Adolfo Ruiz Cortines cuando Ernesto P. Uruchurtu regenteaba la Ciudad de México.

En sus inicios comenzó como todo centro de comercio, con raíces prehispánicas de los tianguis o mercados ambulantes, y fue hasta 1957 que crearon este “monstruo de mil cabezas”, donde se erigió con dos naves de diez mil metros cuadrados, distribuidos en 404 locales divididos en nueve estrechos pasillos.

Un gigante que nunca duerme con sus 20 mil locatarios y trabajadores, así como más de 10 mil visitantes a diario, según cita el diario El Universal, porque la cifra de visitas varía de acuerdo a la época del año, como en octubre y noviembre, que aumentan las ventas por la gran variedad de diseños y precios de los disfraces de Halloween.

Desde un salero para la fiesta de la boda hasta un animal exótico se puede comprar ahí. Sombreros, huaraches, ropa casual, adornos, piñatas, películas piratas, muñecos y todo lo que se busque para las “pachangas” lo encuentran desde los puestos de afuera hasta en los pasillos laterales.

· Secreto a voces